Entre gatos y novelas.
Acabo de leer un cuento corto de Sthephen King, se llama “The Jaunt” y lo recomiendo bastante, son solo como 12 páginas. No pienso dar spoilers más allá de decir que es ciencia ficción blanda con el tema de la teletransportación. Está muy bueno.
Pero bueno. Hace ya unas semanas, escuché de una compañera de trabajo algo así como: “Como me gustaría ser gato, sin tener que hacer nada”. Y me puse a pensar en ello un poco. Ciertamente la vida de mi gato Gilgamesh es fácil, nos despierta a horas inhumanas de la mañana, espera a que le sirvamos comida y limpiemos su caja de arena, si quiere que le hagamos cariñitos se pone enfrente de lo que estemos haciendo y nos maúlla, si no quiere, busca algo con que jugar y se divierte solo.
En esencia mi gato come, duerme y juega.
Ciertamente, como propongo en la teoría del Juego de Moose, los seres humanos hacemos lo mismo: comemos, dormimos y jugamos. La diferencia entre los seres humanos y los gatos, es que nuestros juegos nos han llevado a crear la civilización que ahora disfrutamos, tenemos arte, ciencias, bicicletas, condominios, trenes bala, etc. Básicamente, nuestros juegos son varios órdenes de magnitud más complejos que mi gato persiguiendo una bola de estambre.
Poniéndome a pensar acerca del “quisiera ser gato”, me doy cuenta que en cierta manera (no completamente, estoy consciente que no es lo mismo, pero comparten cosas en común), esas personas existen, los japoneses tienen un término para ello: Hikikomori , quienes prácticamente evaden la realidad en la que viven, encerrándose en sus cuartos y solo saliendo para cubrir sus necesidades básicas.
He aquí he el dilema. Una persona ve a un gato y desea ser como el, usualmente el comentario es aceptado de buena forma, más que nada como una expresión en contra de la complejidad de la vida moderna; uno piensa en el retiro con planes de “al fin ya no hacer nada” y uno piensa en “que padre, ya no tener que ir a trabajar, etc.”, pero cuando encontramos a alguien que realmente lo hace lo etiquetamos, le reprochamos su comportamiento antisocial, etc.
Me entró la curiosidad de pensar cómo sería soñar por miles de años, si realmente te puedes perder hasta descender a la locura por falta de estímulos externos, o si vivirías en tu propia nación solipsista.
Lamentablemente, es una de esas preguntas que empíricamente no creo nunca poder resolver, y aún en el caso de ser cierto, para entonces no tendría mucho caso la respuesta.
Moose Out.
P.D. Quiero clarificar que el salto que di entre los gatos y el solipsismo tiene que ver con algo que dije al principio de este post.



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